La Aloreña es una aceituna de mesa aliñada (en salmuera y aliñadas con ajo, pimiento hinojo y tomillo) que se obtiene del olivo de la variedad Aloreña. Es un proceso que se transmite de padres a hijos desde hace muchísimos años.

La aceituna Aloreña de Málaga tiene su denominación de origen aprobada y publicada en el BOJA nº 74 de 20 de Abril de 2009.

La zona de producción está en el sureste de la Provincia de Málaga y abarca un total de 19 municipios con una superficie total de 230.500ha; a través del rio Guadalhorce se organizan los regadíos de toda la zona.

Dependiendo de sus características organolépticas y físico-químicas, podemos encontrarnos con la aceituna verde fresca, la tradicional y la curada.

VERDE FRESCA

Es aquella que después del partido pasa a bombonas ubicadas en un lugar fresco, o a cámaras frigoríficas donde se conservan máximo a 15ºC. Hasta que se envasen tienen que pasar un mínimo de tres días desde que se parten y se ponen en salmuera.

Es una aceituna de color verde claro con olor a hierba y a fruta verde, también podemos apreciar los aliños característicos de su elaboración, de textura crujiente y firme, el hueso está separado de la carne, su sabor es amargo y a veces por su aderezo podemos identificar el salado. Como sensación trigeminal, el picor y la astringencia es lo que la define.

TRADICIONAL

Una vez recepcionadas, clasificadas y partidas, las aceitunas pasan a unas bombonas que están en sitios sin climatización y se quedan 20 días como mínimo antes de que sean envasadas para su consumo.

La aceituna aliñada al estilo tradicional tiene un color verde-amarillo pajizo, con olor a fruta fresca y a sus aliños. En cuanto a su textura es menos firme pero sigue siendo crujiente y la carne separada del hueso. Sabor un poco amargo menos astringente y casi sin picor.

CURADA

Después de recepcionarlas y lavarlas se colocan sin partir en fermentadores dónde se curan por espacio mínimo de 90 días antes de envasarlas.

Son de color amarillo-marrón con olor a fruta madura y a hierba fresca, se notan sus aliños y alguna nota láctica. Su sabor es ácido, ya no amargan pero son picantes. Su textura es menos firme y crujiente y su carne separada del hueso.